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Tras las huellas de los últimos antílopes saiga

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En mayo de 2015 se divulga una noticia estremecedora: más de 200.000 antílopes saiga han muerto en la estepa kazaja, sin razón aparente. De un solo golpe, el 90 por ciento de la población de estos cuadrúpedos se ha extinguido. Una catástrofe para una especie ya de por sí amenazada por la caza ilegal.

Los animales sufren diarrea y expulsan espuma por el hocico y la boca. Se tambalean y sus patas se doblan. Finalmente, caen al suelo y mueren. Entre los primeros síntomas y la muerte transcurren apenas unas horas.




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La gran mortandad

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Kazajistán es el hogar de las mayores poblaciones de antílopes saiga del mundo. El mayor grupo lo formaban las manadas del desierto de Betpak Dala, en Kazajistán central. Su hábitat era la llamada “estepa dorada“, Altyn Dala. La mortandad masiva de mayo de 2015 exterminó prácticamente a todos los especímenes de la región.

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No es la primera vez que los saigas sufren una mortandad masiva, pero nunca había tenido esta magnitud. La enfermedad ya se conoce, pero no sus causas.
Muchas preguntas siguen sin respuesta.
¿Cómo pudo la epidemia surgir simultáneamente en lugares distintos?
¿Y por qué murieron no sólo los ejemplares más débiles, sino todos los saigas infectados?

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Para resolver este misterio, un grupo de científicos se reúne en la estepa kazaja.

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Steffen Zuther, Jefe de la expedición

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Richard Kock, Investigador de antílopes

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Steffen y Richard se ponen en camino. Junto con sus colegas quieren averiguar por qué murieron tantos saigas. Y lo más importante: comprobar el estado actual de los animales vivos.

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Tras la muerte de cientos de miles de saigas, investigadores de todo el mundo se devanan los sesos tratando de descifrar la causa de una mortandad tan generalizada. Hay muchas teorías, pero hasta ahora ninguna ha podido ser demostrada.

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Viaje a lo desconocido

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El equipo de la expedición está compuesto por una mezcla variopinta de biólogos, ecólogos, veterinarios y activistas de la naturaleza. Proceden de Kazajistán, Alemania, Inglaterra, Costa Rica, la India y Guatemala. Todos comparten el mismo objetivo: salvar a los saigas.

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Es la última oportunidad de hacer la compra. 
Y la lista es larga:

40 kilos de papa
10 kilos de cebolla
15 kilos de zanahoria
5 kilos de tomate
1 kilo de ajo
5 kilos de arroz
20 paquetes de pasta
10 repollos
30 latas de pescado
10 kilos de galletas
50 panes
500 litros de agua
1 carnero vivo

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Steffen vive desde hace diez años en Kazajistán.
Todos los años pasa varias semanas en la estepa. Su trabajo es proteger este ecosistema.

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La estepa vive

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La zona protegida es casi tan grande como Francia.
En esta área gigantesca apenas quedan unos miles de animales. Encontrarlos es tan difícil como hallar una aguja en un pajar.

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La aguja en el pajar

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Steffen está preocupado. Los dos únicos animales que llevan localizadores se han separado de la manada. Esto es algo inusual y complica aún más la búsqueda.

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Los guardabosques conocen la estepa como la palma de su mano. Su trabajo es proteger a los saigas de los cazadores furtivos. Deberían saber dónde se encuentran los animales. Pero hay problemas.

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Confusión

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Cuando el día se acerca a su fin, hay que buscar un lugar para acampar, montar las carpas y hacer balance de la situación. Por supuesto, también hay que comer. Y sobre todo, reunir fuerzas para seguir buscando a los animales.

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Se presenta un nuevo problema: en las últimas semanas llovió mucho. Algunas partes de la estepa están inundadas, y los caminos cortados.
Steffen y Richard temen que el lugar donde sospechan que podría estar la gran manada ya no sea accesible.


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La primera pista

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Las huellas no condujeron a ninguna parte.
Los investigadores ya han recorrido más de 1.000 kilómetros por la estepa.
Y sigue sin haber rastro de los saigas.

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La expedición llega al lugar donde comenzó la mortandad masiva de antílopes. Sólo bajo esta colina yacen enterrados más de 5.000 saigas.

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La bacteria causante de la muerte de los animales se llama Pasteurella multocida.
Normalmente es inofensiva, pero puede volverse maligna. En ese caso, los animales mueren en un plazo de pocas horas.
Poco antes de la gran mortandad se registró una caída de las temperaturas de 30 grados centígrados. Los animales acababan de despojarse de sus pieles de invierno. La sospecha: el golpe de frío pudo debilitar su sistema inmunológico y allanar el camino para una infección.

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La bacteria mortal

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La gran mortandad es la gota que derrama el vaso. Los saigas ya figuraban antes en la “lista roja” de las especies amenazadas. Miles de machos son sacrificados cada año para quitarles la cornamenta. El cuerno de saiga es una materia prima muy codiciada en la medicina china.
Un kilo alcanza en el mercado negro un precio de hasta 4.000 dólares.
La caza furtiva avanza de forma imparable.



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Ni rastro de saigas en kilómetros a la redonda.
En cambio, por todas partes: mosquitos.



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Inoportunos e insufribles, hacen que todo resulte aún más arduo.

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La expedición está varada.
Cada cenagal consume horas preciosas.
Y mucha energía.

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La odisea de los investigadores llega a su quinto día. Los nervios están a flor de piel.
¿Conseguirán encontrar a los animales?
¿O tal vez será demasiado tarde?
Cuando haya pasado el tiempo de parir las crías, los saigas se moverán y no habrá forma de alcanzarlos.

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Comer, beber, cocinar…
Todo ello al aire libre.
Los investigadores están de suerte:
La climatología los ayuda.

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Steffen y Richard no pueden dormir. Si no logran encontrar a los animales, todo habrá sido en vano.


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Todos piden el mismo deseo:
encontrar muchos saigas sanos.

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Y al día siguiente ocurre aquello en lo que ya nadie se atrevía a creer.

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Los guardabosques han avistado a la gran manada.
Se encuentran no muy lejos de allí, a pocas horas de trayecto en auto.

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Saigas a la vista

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Ahora toca continuar a pie. Buscar a las crías. Eso significa: caminar mucho y en silencio.

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Los animales están en un lago desecado.
El tiempo de parir las crías casi ha terminado. Los investigadores llegaron justo a tiempo.

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Censo de antílopes

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Start 360° panorama

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Richard examina a una docena de animales jóvenes.
Y no hay motivo de alarma, pues están sanos.

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Steffen y Richard no pueden comunicar de inmediato las buenas noticias.
En el campamento no hay Internet.
El equipo respira aliviado. Las tensiones de los últimos días desaparecen.




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Lejos de casa

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El viaje termina aquí también para el carnero.

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Son pocos, extremadamente tímidos y, sobre todo, imprescindibles para el ecosistema. Recorren unos 1.000 kilómetros cada año a través de la estepa, llevando consigo a muchas otras especies. Con sus excrementos y sus pisadas fertilizan el suelo.

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Richard Kock es uno de los principales investigadores de antílopes del mundo. Y admira especialmente a los saigas.

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Nómadas de la era glacial

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Este año no se produjo ninguna epidemia masiva. Gracias a la alta tasa de natalidad de los saigas, la población de la estepa de Betpak Dala puede recuperarse lentamente. Pero el miedo a una nueva catástrofe persiste.

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Retorno al punto de partida

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Un documental para Internet de Inga Sieg

Cámara y fotos:
Axel Warnstedt

Sonido:
Moritz Polomski

Edición:
Klaudia Begic

Redacción:
Global Ideas

Dirección:
Manuela Kasper-Claridge

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Sociedad Zoológica de Fráncfort (ZGF)

Asociación para la protección de la biodiversidad de Kazajistán (ASBK)

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